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El Madrid, víctima de su obsesión por la Champions
Es solo un detalle. Una cuestión de diseño. Una simple consecuencia de la remodelación del Santiago Bernabéu. O no.El camino que tienen los jugadores del Real Madrid desde que bajan del autocar que les lleva al estadio hasta el vestuario solo ven imágenes del las muchas Copas de Europa que conquistadas en su palmarés. Los jugadores se cambian y bajan al estadio con más fotografías de los momentos icónicos que han convertido a este club en único en Europa.
l detalle, significativo o no, muestra mucho de la cultura de este club. Vale el título europeo, el resto ni existe. La obsesión es Europa y el Balón de oro. Todo lo otro es un simple aperitivo. Y solo hay que ver datos para certificar que este mensaje cala hondo en el vestuario. En las últimas diez temporadas, el Madrid ha disputado 33 títulos domésticos y solo ha ganado 10. Gana un30% de las Copas del Rey, Ligas y Supercopas de España que disputa. Un balance muy pobre tratándose del Real Madrid.
Esta misma temporada se ha podido apreciar que este equipo es capaz de dar su mejor versión contra elManchester City y dar pena en el siguiente. Es una cuestión de actitud, de deseo, de voluntad, de ambición. Y el Madrid, seguramente por culpa que la cultura grandilocuente que pregona su presidente, no es capaz de arremangarse cuando juega en estadio o contra rivales que no le motivan. No es culpa de Ancelotti, ni de Xabi Alonso ni de Arbeloa. Es culpa que el Madrid es un club clasista. Y se lo juega todo a una carta. Si logra la Champions... bingo.
Si no, temporada en blanco.La pasada campaña fue así, esta ya se encuentra en esta tesitura del todo o nada. Y hoy hay el primer round con el Bayern.
Esta cultura del poco esfuerzo o de la selección de cuando se esfuerza no es compartida por el Barcelona, que se aprovecha de las debilidades de su rival para sacar tajada. Una muestra a nivel de datos. En la última década, el Barça ha pasado por una de sus peores crisis económicas que se recuerdan y, pese a todo, ha sumado la mitad de los títulos domésticos que ha disputado. Es una diferencia que dice mucho de unos y otros.
Àlex González, el ‘9’ reconvertido que ya decide partidos en el Barça
Llegar y besar el santo. ‘Arribar i moldre’, que diríamos en catalán. Lo de Àlex González en el Barça es el ejemplo máximo de rendimiento inmediato. Jugó su primer partido el pasado 1 de marzo. Un sábado se oficializó su fichaje por el Barça y el domingo disputó los 90 minutos contra el Mallorca. Y para nada pareció que acababa de aterrizar. Involucrado en el juego, asociándose con soltura. Como si hubiera ‘mamado‘ Masia desde muchos años atrás.
Es lo bueno de aterrizar de la Damm, que tiene una filosofía de juego parecida a la que se cuece en las entrañas del fútbol formativo azulgrana. Venía con el cartel de ‘pichichi’ del grupo de División de Honor. Se trata de un extremo potente y rápido con buen disparo y, a la vista está en sus cifras, con mucho gol. De momento, desde que llegó al Barça hace poco más de un mes ya ha convertido dos dianas.
Una en la ‘Final Four’ de la Copa del Rey en Lugo; la otra, el pasado sábado frente al Nàstic de Tarragona sobre la bocina. Sirvió para dar tres puntos vitales al cuadro de Pol Planas en un duelo que se había atragantado, muy accidentado con las lesiones de Orian Goren y Ajay Tavares. También fue determinante en el primer tanto, obra de Nil Vicens. El de Piera fichó por la Damm en Infantil A. Llegó procedente del Nàstic Manresa, donde Àlex vivió su primera etapa de formación.
Punto de inflexión
Se da el caso que Àlex siempre jugó de ‘9’. En la punta de lanza. Hasta que la temporada pasada, bajo el mando de Sergio García en el Juvenil de la Damm, hubo un ‘click’. Una reconversión a la banda. Allí ha destapado el tarro de las esencias. Siendo juvenil de primer año ya disputó algunos partidos más escorado al costado.
No es el único deportista de élite de la familia, por cierto. Su hermana menor Daniela es TOP-2 de España y TOP-1 de Catalunya de patinaje artístico. Indiscutible en el Juvenil A, Àlex llegó en marzo para empezar a aclimatarse al Barça. Ha firmado para dos temporadas más con el Barça. Si alguien consideraba que debía justificar el fichaje, ha tardado menos de un mes...