Análisis | La tiránica labor de entrenar al Hércules
Llega un momento en la vida de cualquier periodista deportivo que el único con más edad que él dentro del club es el dueño del equipo. No tiene mérito personal, solo hace falta suerte a paladas para seguir ejerciendo el oficio. A menudo, los entrenadores lo desdeñan, o se olvidan, o simplemente no lo piensan. Y se sientan en las salas de prensa sin caer en la cuenta de que no son únicos, que no son los primeros que lo hacen, que antes que a ellos, quienes en ese momento tiene enfrente, han visto en esa silla a muchos, a demasiados, tal vez... con todo lo negativo que eso conlleva para la salud de una entidad futbolística.
No es fácil ser juzgado a diario, que tu mérito se mida en resultados con mucho margen para lo inexplicable, que no haya una relación causa-efecto en tu tarea, que tu vida laboral dependa de tantos intangibles, que se puede hablar con ligereza de ello desde fuera cuando de lo que tú haces nadie sabe más que tú... y es verdad. Opinar es en apariencia sencillo, igual que sentirse atacado en una eterna paranoia que se potencia si el balón no entra, si no ganas lo suficiente como para presentar esos registros como escudo indestructible, impermeable a la valoración ajena, al análisis periodístico, al que realizan esos cenizos, agoreros y nihilistas apesadumbrados que te cuestionan, que te interrogan con enunciados que a ti te resultan capciosos. Antes, los enganchones (generalmente no pretendidos ni buscados) se quedaban en el anecdotario del día a día, se los desayunaba la rutina, ahora se tornan espectáculo y carnaza de consumo viral.
Pero por encima de todo eso, del ruido, de los gestos ásperos y las respuestas secas, de los careos tensos, está el trasfondo, la experiencia amontonada en la memoria que sirve para la detección instantánea de los signos que activan el deterioro de los proyectos. Cuando el discurso táctico del entrenador, bien elaborado, bien defendido, bien cuidado, no tiene efecto ni en el campo ni en los resultados se abre la puerta a turbulencias a menudo bastante predecibles.
Y es ahí donde hay que poner el foco. El otro gran signo de que hay que dejar de buscar enemigos y centrarse en la tarea son las declaraciones. Se oye mucho. Cada temporada. En el nuevo fútbol y en el viejo. El entrenador bendice el trabajo «increíble» que realizan sus chicos durante la semana, su manera de ejercitarse «como animales», su entrega, su dedicación excelsa, su compromiso inquebrantable, y luego, por lo que sea, cuando el modo de manejarse sobre la hierba de los tuyos dista mucho del que esgrimes en la exposición de tu modelo futbolístico, entonces llegan las declaraciones gruesas señalando a esos a los que solo unas horas antes has elevado a los altares de la profesionalidad.
«Hemos jugado 70 minutos indignos de la camiseta y el escudo del Hércules. ¿Cómo vendo yo un ‘play-off’ después de un 4-0 y de arrastrar la camiseta? Si no lo demostramos, del nombre no podemos vivir. Lo que tengo que hacer es morirme cuando me pongo esta camiseta». Todo eso lo dijo Beto Company después de que el Alcorcón, que solo había ganado cinco partidos en su estadio de 15, que había anotado 15 goles en todas esas citas como local, le metiera cuatro (y gracias) al Hércules el día que su portero fue el mejor de largo de la plantilla. Está uno tan enfadado, y tan seguro de sí mismo porque le acaban de renovar (sin ser necesario, ni urgente para ninguna de las partes, ni seguramente útil), que se queda a gusto: «Toca apretar, quien quiera bien y el que no, sabe que la puerta es muy grande. Fuera de Alicante hace mucho frío».
De la idolatría y la idealización, al vilipendio, el señalamiento y la amenaza en 90 minutos. Nombrando sin nombrar, pero dirigiendo el foco hacia quienes tienen que poner en práctica un modelo de juego que ya es muy difícil de ejecutar en la élite mundial, que muy pocos lo hacen, que en el laboratorio y en la pantalla siempre sale bien, pero que luego en el campo cuesta horrores.
Vender humo
Si alguien hizo el ejercicio valeroso de escuchar a Beto el jueves más allá del episodio alcalino con el periodista, descubrió que, a pregunta de ese sujeto, solo señaló momentos puntuales en los que su sistema funcionó y le convenció. Y llevaba razón. Pero también sacó a la luz la falta de regularidad. La otra, la de efectividad, la corroboran los números.
El Hércules, con Beto en el banquillo, ha sumado 29 puntos en 19 partidos. Ha ganado 7, empatado 8 y perdido 4. Eso supone que se hayan dejado de sumar el 50% de los puntos. En matemática más ultra, se puede decir que el valenciano firma una media de 1,5 puntos por partido. Restan siete fechas, de modo que, manteniendo sus registros, en contra de lo que sostuvo la semana pasada, el Hércules cerraría la temporada regular con 53 puntos. Así que, o mejora sensiblemente su estadística, o dirigirá el proyecto de nuevo en la tercera categoría... salvo milagro.
Salir triunfal de la comparación con Rubén Torrecilla es fácil, pero el cese no se efectuó para perder menos que él. Usarlo como arma vale de muy poco. El técnico que logró el último ascenso se fue de Alicante convencido de que con cuatro retoques haría funcionar al equipo. Difícilmente el Hércules podrá mejorar el factor corrector a la plantilla que ha aplicado este invierno, no hay más que ver cuánto han necesitado todos ellos para ser titulares y su incidencia en el juego.
El reemplazo se produjo por desgaste, porque había margen, pleno convencimiento de que la promoción era factible y el tiempo del anterior preparador se había agotado, que se había exprimido todo lo que podía darle al vestuario. Una sola semana ha pasado el Hércules entre los cinco primeros, y fue la inaugural. Después, en las 30 restantes, nada.
Mejorar es otra cosa
La analogía con su antecesor no debe hacerla el actual entrenador blanquiazul comparando el número de derrotas solamente. Ahí sale ganando (por ahora). Por lo que debe sacar pecho es por mejorar algo que tampoco sabía resolver su predecesor, el comportamiento y el rédito del equipo como visitante: una victoria en 13 meses. También ser capaz de enlazar triunfos. Con él aún no se ha logrado y de los aspirantes al ascenso es el único que no lo consigue. Ahí hay que posar las comparativa, los paralelismos.
El sistema de Beto entra mejor por el ojo, puede llegar a ser divertido (aún más si lo ves sin ser aficionado blanquiazul), pero tiene que valer para lo que se plantea; de lo contrario, ser solo valiente no sirve porque la valentía es tan útil como la aparente cobardía, por desgracia, en el fútbol. Es solo una elección personal. Lo imperativo es que ayude a sumar de tres en tres.
El Hércules es especialista en ponerse trampas a sí mismo, en no aprender. El final de liga que protagonizó Rubén Torrecilla el ejercicio anterior lastró el comienzo del actual. No se le renovó porque no hacía falta, tenía ya asegurada su continuidad de serie, y no se actuó en contra de toda opinión lógica. Podía haberse aprendido de ello, pero no, se vuelve a forzar la posibilidad de que se repita el episodio. Torrecilla también alababa y acusaba a su plantilla en 48 horas. Lo recuerdo, no lo soñé. Mala cosa.
Golpe muy duro para el Málaga CF: una lesión también aparta a Larrubia
Golpe durísimo para las ilusiones del Málaga CF en el momento más importante de la temporada. Juanfran Funes no va a poder contar con David Larrubia ni este sábado contra la UD Las Palmas ni tampoco en otros duelos directos por el ascenso directo y/o el play off. El malagueño sufre una fractura del escafoides del pie izquierdo y ha llegado la hora de parar.
Lesión trascendental
El sóleo de Dani Lorenzo y ahora el pie del capitán general blanquiazul. Según adelantó Málaga Hoy y pudo confirmar este periódico, Larrubia se perderá los próximos encuentros después de una lesión que arrastra desde el encuentro contra el Cádiz. De hecho, ha intentado forzar en estos últimos partidos y explica bastante el bajón de rendimiento que atraviesa un futbolista que, ya de por sí, es de los que más entradas sufre en toda la categoría.
Lo cierto es que los tiempos vuelven a ir a la contra de los intereses del club de Martiricos, en cuanto a la entidad de los rivales y también de la incertidumbre. Se va a perder seguro el encuentro contra la UD Las Palmas, pero lo que queda con UD Almería, Castellón y Eibar va a ser cuestión de análisis pormenorizado porque los tiempos no están seguros a la espera de un resultado definitivo en las pruebas médicas. Cuatro rivales muy directos para acabar al final de la temporada regular entre los seis primeros para buscar el camino de vuelta a Primera División.
Una situación inédita
¿Cómo es este Málaga CF sin su '10'? Pues es una circunstancia que no se había dado en toda la temporada. El extremo del barrio de La Luz ha disputado todos los partidos del curso en Segunda División. De hecho, apenas fue suplente el Miércoles Santo frente al Andorra con 22 minutos de juego. El resto siempre fue titular y lideró al equipo coon los mejores números de su carrera: nueve goles y cuatro asistencias.
¿Repetir la fórmula Dani Lorenzo?
Ahora puede volver a repetirse la circunstancia que ya se vivió con Dani Lorenzo. Larrubia, como hasta el sábado el marbellí, está apercibido con cuatro amarillas. A la quinta cumplirá un partido sanción. Si el extremo se sienta en el banquillo será para que ese encuentro que tiene que perderse lo haga coincidir con la lesión. Habrá que ver si se vive en La Rosaleda u ocurre en el tramo final.
Así es el calendario del Deportivo en la recta final de Segunda División: rivales, viajes y duelos directos
El Deportivo llega al tramo final del campeonato en tercera posición y con todas las posibilidades abiertas para intentar ascender de manera directa a Primera División. El empate ante el Málaga ha permitido a los blanquiazules recortar distancias con el Racing de Santander, que cayó en Andorra, aunque a cambio el Almería ha sobrepasado a los coruñeses. Por delante, ocho jornadas de máxima tensión, con dos enfrentamientos directos ante rivales que actualmente pugnan por los mismos objetivos, dos enfrentamientos ante equipos que actualmente están en descenso, y varios rivales con la misma necesidad de ganar que la escuadra de Antonio Hidalgo.
El Alcoraz aguarda al Deportivo en el mejor momento de forma del conjunto blanquiazul. La escuadra coruñesa ha alcanzado la barrera de los 60 puntos, y acude a este final convertido en uno de los grandes equipos de la competición, con 52 goles a favor y 37 en contra. Solo Las Palmas, Burgos y Eibar encajan más; mientras que Racing, Almería, Castellón y Málaga son los únicos conjuntos que mejoran sus cifras de anotación. En el equilibrio está la clave de un Dépor que ha sacado 20 de los últimos 30 puntos, 11 de los últimos 15. La regularidad aúpa a los de Hidalgo a pelear por todo.
Los partidos como visitante que le quedan al Deportivo
El Deportivo arranca este tramo final de curso, con 24 puntos en juego, en El Alcoraz. El Huesca será el primer rival de los próximos ocho para llegar a puerto. Será, también, la primera de las cuatro salidas que debe realizar el equipo coruñés. Los oscenses, actualmente vigésimos con 32 puntos, están a seis de la salvación. No obstante, es el decimotercer mejor local de Segunda División. Ha cosechado 24 puntos, solo cinco menos que el Dépor. Será una salida difícil para una escuadra en la que hay varios viejos conocidos del cuadro azulgrana, como Antonio Hidalgo, Miguel Loureiro, Álvaro Ferllo, o el psicólogo de la plantilla, Joaquín Sorribas.
Por delante el Dépor tendrá otros tres viajes más para acabar la temporada. El próximo encuentro como visitante será en El Plantío el 25 de marzo a las 18.30. Salida ante un Burgos que actualmente es séptimo, pero tiene 57 puntos, tres menos que los blanquiazules, y los mismos que Málaga (6º), Castellón (5º) y Las Palmas (4º). Está a tiempo de todo el equipo dirigido por Luis Miguel Ramis, otro ex con pasado en Riazor. En las filas burgalesas se encuentra Víctor Mollejo, quien militó en A Coruña en el curso 19/20.
Ya en mayo, la escuadra de Antonio Hidalgo deberá viajar al Nuevo Mirandilla, para medirse al Cádiz de Lucas Pérez. Reencuentro especial con el excapitán. El de Monelos acaba de aterrizar en la tacita de plata, en la que será de ayuda para evitar el descenso a Primera Federación. Los gaditanos, dirigidos por Sergio González, ocupan la 18ª plaza. Tienen 38 puntos, cuatro más que el Real Zaragoza, primer equipo que marca el descenso, y seis por encima de Huesca, Mirandés y Cultural Leonesa. Este encuentro, sin horario todavía, se disputará el fin de semana del 10 de mayo.
El último desplazamiento es uno de los más apetecibles para la parroquia coruñesa. También, ante un equipo que se está jugando actualmente las habichuelas. El fin de semana del 24 de mayo el Dépor deberá jugar ante el Real Valladolid en el Nuevo Zorrilla. Los pucelanos tienen un punto más que el Cádiz, 39, y todavía no pueden dar por terminado el campeonato, aunque podrían llegar a la cita ya salvados y sin nada en juego.
Riazor será decisivo
Pero antes de todos esos desplazamientos, el Dépor pasará por Riazor, donde el equipo debe hacerse fuerte. El feudo coruñés lleva varias jornadas rugiendo de nuevo. Parte del ascenso dependerá de las actuaciones como local. El primer encuentro en casa será el próximo lunes 20 de abril a las 20.30 ante el Mirandés. Los jabatos llegarán en buena dinámica. Aunque están en descenso, han ganado dos partidos y empatado otros dos en los últimos cuatro. Se agarran al milagro.
Los tres últimos encuentros del Deportivo en Riazor serán en mayo. El fin de semana del tres de mayo, con horario todavía por confirmar, ante el Leganés, otro de los equipos implicados en la pelea por el descenso. Actualmente, tiene 39 puntos, cinco por encima del Zaragoza. 15 días después, coincidiendo con el fin de semana del 17 de mayo, el Andorra visitará Riazor. El conjunto andorrano está en zona de nadie, pero está siendo el matagigantes de la competición.
El Dépor acabará la temporada en Riazor, en un duelo directísimo ante la UD Las Palmas. Ambos equipos podrían llegar jugándose incluso el ascenso directo. Será una auténtica final para una jornada 42 que se disputará el último fin de semana de mayo.